Biografìa de Viktor Frankl y su Logoterapia
Viktor Emil Frankl nació en Viena, Austria el 26 de Marzo
de 1905.
Viena era entonces capital del Imperio Austro-húngaro y la
capital cultural e intelectual de Europa, siendo cuna de
grandes músicos como Franz Schubert, los hermanos Strauss,
Gustav Mahler, Antón Bruckner, e intelectuales y científicos
como Sigmund Freud, Charlotte Bühler, Alfred Adler, Rudolf
Allers, etc…
Segundo de tres hermanos, (Walter y Estela), Viktor creció
en un ambiente familiar lleno de tradiciones y calor humano.
Sus padres, judíos, transmitían a sus hijos sus creencias y
costumbres religiosas.
Desde muy pequeño mostró una gran inteligencia y
sensibilidad. En su autobiografía relata cómo a la edad de
cuatro años se despertó una noche sobresaltado con la idea
de que él algún día tendría que morir. A partir de ese
momento empezó a preguntarse acerca del sentido de la vida y
a interesarse en cuestiones filosóficas.
Vivió las dos guerras mundiales. Los estragos de la primera,
lo hicieron crecer en la escasez económica. A los once años
de edad tenía que formarse a las tres de la mañana en las
filas del mercado para conseguir el poco alimento
disponible, su madre lo alcanzaba a las siete para que él
pudiera llegar a la escuela.
A diferencia de sus hermanos, Víktor fue siempre un alumno
que destacaba de la mayoría.
Como estudiante adolescente discutía temas filosóficos con
Martin Heidegger y Karl Jaspers. Para Frankl la filosofía es
una parte muy importante en la vida de todo ser humano, por
lo tanto, nunca puede desligarse de la actividad
psicoterapéutica.
Muy joven descubrió que su camino estaba en el mundo de la
medicina. Ingresó a la facultad de medicina de la
Universidad de Viena y se especializó en neurología y
psiquiatría.
En ese tiempo empezó a estudiar los conceptos
psicoanalíticos. Sigmund Freud era maestro de la Universidad
y contaba con un gran prestigio y reconocimiento en el
ambiente médico e intelectual. Sin embargo Frankl no estaba
de acuerdo con la postura determinista de Freud ni con su
visión reduccionista del hombre y le discutía -por
correspondencia- con convicción a pesar de tener apenas 18
años. Freud respondía cada una de sus cartas y lo invitó a
publicar su primer artículo en la Revista Internacional de
Psicoanálisis.
Inicia junto con sus maestros Rudolf Allers y Oswald
Schwartz centros de consulta para atender a los jóvenes
afectados por los efectos de la primera guerra mundial:
desempleo, falta de oportunidades, cuadros depresivos,
intentos de suicidio… La iniciativa del joven médico fue
bien recibida en otras ciudades europeas como Praga, Zurich,
Berlin y Frankfurt.
La riqueza humanística y científica de esos años, motivaron
a Frankl para escribir un trabajo en torno a las relaciones
entre la psicoterapia y la filosofía existencial que
entonces se cultivaba en Europa. En él señala la necesidad
de incorporar en la terapéutica los aspectos de corte
existencial y filosófico que están presentes en el horizonte
del paciente.
Al graduarse Frankl se unió al grupo de Alfred Adler quien
fundó la segunda escuela de psicoterapia vienesa –psicología
individual- partiendo de los conceptos psicoanalíticos pero
tomando en cuenta los aspectos sociales que intervienen en
el desarrollo de la personalidad. Para Adler el ser humano
está motivado por la búsqueda de poder movido por un
complejo de inferioridad. Frankl no coincidía en que esa
fuera la principal motivación del hombre y siguiendo como
siempre su propio camino fundó la tercera escuela de
psicoterapia vienesa a la que llamó Logoterapia.
Es nombrado director de neuropsiquiatría del Rotschildspital
de la ciudad de Viena.. Como neurocirujano realizaba
operaciones de cerebro y como psiquiatra atendía todo tipo
de patologías, mas por las circunstancias que se vivían en
esa época, se ocupaba de miles de casos de depresión e
intentos de suicidio.
Dentro de sus conceptos Frankl incluye, a diferencia del
resto de los teóricos de la psicología -incluso los
humanistas- el aspecto doloroso de la existencia como algo
intrínseco a nuestra naturaleza humana y como oportunidad de
desarrollo, aprendizaje y sentido.
Como si el destino hubiera querido probarlo, es llevado
durante la segunda guerra mundial (1942), a los campos de
concentración nazis y vive el holocausto. Mueren en
diferentes campos su madre, su padre, su hermano, su cuñada
y su esposa Tilly con quien se había casado apenas hacía
nueve meses.
“Me encontraba solo con mi existencia literalmente desnuda”
dice Frankl, despojado de sus seres queridos de su
profesión, de sus pacientes, de su querido hospital, de su
hogar, de todas sus pertenencias, incluyendo el manuscrito
que estaba a punto de publicar.
Todo su sentido anterior estaba perdido en ese momento….y
apareció un nuevo sentido:
¡Sobrevivir¡
Se prometió a sí mismo que no se quitaría la vida como
muchos de sus compañeros.
Se propuso aprender algo de aquél terrible lugar para
después ponerlo al servicio de la humanidad.
Tomó la tarea de ofrecer sus servicios como médico y
psicoterapeuta.
No era nada fácil cumplir sus propósitos. Vivió esos dos
años y medio como el prisionero 119 104. Comiendo solo un
plato de caldo aguado y una pequeña ración de pan.
Trabajando largas jornadas en climas extremosos – fríos de
20 ° bajo cero- y todas las carencias imaginables.
Presenciando atrocidades, enfermedades y muertes día tras
día.
Frankl se apoyó en varios aspectos para lograr sobrevivir:
La experiencia del amor: El amor que sentía por su familia y
por su esposa le daban la fuerza para continuar luchando.
Así, escribiría después, “el amor es la meta más elevada y
esencial a la que puede aspirar el ser humano…la plenitud de
la vida humana está en el amor y se realiza a través de él”.
La vivencia de la naturaleza –esperaba con ansia el momento
del atardecer en el bosque bávaro- ya eso daba sentido a su
día.
La experiencia del arte –se reunían en los pocos ratos
libres a recitar poesías, a cantar o recordar obras de
teatro.
El sentido del humor fue también un elemento importante para
la supervivencia: contaban chistes y se reían de la alegría
que les daba oir las sirenas que anunciaban bombardeos, ya
que éso les autorizaba a interrumpir el pesado trabajo.
El sentido del pasado: no para quedarse en él sino para
poder soportar la pobreza espiritual del aquí y del ahora,
enriqueciéndolo con vivencias anteriores.
La vivencia de la espiritualidad: Oraba cotidianamente y en
la barraca, cuando era posible, rezaban en grupo y cantaban
los salmos en hebreo. Para Frankl, la oración es un diálogo
íntimo con el más íntimo de los amigos.
Y por último, la soledad –esos breves momentos en que podía
recuperar algo de su intimidad y privacía-.
Al terminar la guerra el 27 de abril de 1945, Frankl pudo
constatar nuevamente que estaba destinado a vivir ‘para
algo’. La camioneta del cuerpo de rescate suizo cerró las
puertas cuando ya le tocaba a él el turno de subir. Tuvo que
esperar varias horas más a que llegara la próxima, la espera
le pareció eterna. Cuando al fin llegó se enteraron de que
la camioneta anterior era otro engaño para llevar a más
judíos a la muerte.
Tuvieron que pasar varios meses para que Víktor Frankl
pudiera sobreponerse a las experiencias vividas y a sus
pérdidas para regresar a trabajar a la Policlínica de Viena.
Allí dicto –entre lágrimas- a varias enfermeras lo que había
sido su vivencia en los campos de concentración. Esta
publicación que originalmente se llamó "Un psicólogo en un
campo de concentración" es la que conocemos como “El hombre
en busca de sentido”, misma que ha sido publicada en 18
idiomas.
Frankl nunca imaginó que el nombre de este libro estaría
inscrito alguna vez en la biblioteca del Congreso en
Washington D.C. ¡en la lista de los 10 libros que han
cambiado el curso de la humanidad¡
Desde entonces se dedicó a escribir –hay aproximadamente 25
libros escritos por él- , a dar conferencias alrededor del
mundo, a hacer psicoterapia, a entrenar logoterapeutas, y a
transmitir su mensaje tal como se lo propuso al ingresar al
campo de concentración.
El 18 de julio de 1947 contrae matrimonio con Eleonore –Elly-
Schwindt con quien comparte su misión y su obra el resto de
su vida.
El mismo año fue nombrado Profesor Asociado de neurología y
psiquiatría en la facultad de medicina de la Universidad de
Viena.
Fue maestro invitado de la Universidad de Harvard y de
varias universidades alrededor del mundo que le otorgaron
más de 20 títulos Honoris Causa.
Murió en Viena de fallo cardiaco el 2 de Septiembre de 1997.
Vivió 92 años muy activos y llenos de sentido, dejándonos un
legado de amor a la vida y esperanza hacia el ser humano.
Para Víktor Frankl, mientras hubiera vida y voluntad habría
la luz de la esperanza.
Le sobreviven su esposa Elly, su hija Gabriele, su yerno
Franz Vesely y sus nietos Alexander y Katharine, todos
involucrados y comprometidos con la misión de la
Logoterapia: iluminar con la luz del sentido.
Biografìa
de Viktor Frankl y su Logoterapia
Para escuchar la voz de Viktor Frankl en una conferencia en
su lengua natal, alemán,
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